Cómo adaptarte a la economía de los pequeños encargos

Cada vez se extiende más la economía de los pequeños encargos. Bien manejada, constituye una modalidad de trabajo adecuada. Mal manejada puede llevar a la precarización del empleo y la pérdida de derechos laborales.

El mundo ha cambiado a pasos agigantados. En varios aspectos es más veloz el ritmo de las transformaciones que nuestra capacidad para asimilarlas. Uno de los cambios más desconcertantes es el de la llamada economía de los pequeños encargos.

La Gig economy o economía de los pequeños encargos es una nueva modalidad de trabajo. Sus principales características son el recurrente uso de contratos laborales de corta duración, para pequeñas actividades y según el volumen de demanda.

En la práctica, esto lleva a que ahora sea cada vez más raro encontrartrabajos estables y duraderos. Por supuesto, en tales condiciones es difícil diseñar proyectos de vida a mediano y largo plazo, ya que todo es siempre muy incierto.

Para algunos, esta es una de las formas más evidentes de precarización laboral. Tienen razón. Para otros, una dinámica imparable a la que la mayoría de los empleadores tienden o tenderán en un futuro. Un cambio irreversible que obliga a darle una vuelta más a los proyectos vitales. También tienen razón.

Si cada uno limpia su vereda, la calle estará limpia”.

-Goethe-

La economía de los pequeños encargos

El modelo de economía de los pequeños encargos es ideal para los empleadores. Primero, porque no incurren en ningún gasto de seguridad social de sus trabajadores. Segundo, porque esta nueva modalidad les permite responder estrictamente a la ley de oferta y demanda, y no a las obligaciones que les impone la legislación laboral.

Para los trabajadores el panorama es diferente. En algunos casos podría ser una condición ideal, ya que esto les daría más independencia. Siempre que se pague lo justo por esos trabajos esporádicos, resulta un buen negocio. De otro modo, es una forma de degradar su labor y sus ingresos.

Más que nunca, hoy en día el trabajo es una mercancía. La fuerza de trabajo se compra y se vende al menudeo en el mercado. Se trata de una modalidad que llegó aparejada con la tecnología y sorprendió a muchos empleados. El tema es objeto de debate.

Los derechos laborales en riesgo

La mayoría de quienes se vinculan a esta economía de los pequeños encargos lo hacen porque, de todos modos, es mejor contar con ingresos que estar en paro y sin un céntimo. Sin embargo, son varias las instituciones que están comenzando a alertar sobre los riesgos de este nuevo modelo.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha alertado al respecto. Señala que el principal riesgo es que esto conlleve a una pérdida progresiva de los derechos laborales conquistados por las generaciones que nos precedieron. También, por supuesto, a una precarización de la vida de los trabajadores.

El principal cuello de botella es que la economía de los pequeños encargos se ha convertido en una gran fuente de ocupación. Si no existiera, quizás habría mucho más desempleo. Este, a su vez, es la peor forma de precarización de la vida de un trabajador. Parecería una paradoja que no tiene solución.

Adaptación al nuevo modelo

Con los cambios tecnológicos y la nueva dinámica financiera en el mundo, resulta improbable que volvamos al modelo laboral que primaba en el pasado. Para generar empleo, los empresarios necesitan que también el mercado les ofrezca un cierta seguridad de crecimiento. Así, en muchos casos las empresas han dejado de trabajar en un determinado nicho para hacerlo por proyectos que se abren y se cierran, de manera que los puntos de incertidumbre se multiplican.

Sin embargo, esto no justifica que el progreso de los empresarios y las empresas se tenga que basar en unas condiciones laborales degradantes para el trabajador. Es claro que tanto los unos como los otros tienen que emprender un proceso de adaptación a las nuevas condiciones marcadas por la tecnología y lo inmediato. Además, esto también requerirá de la modificación de la legislación.

Entre tanto, los trabajadores deberían impulsar una adaptación activa que tenga en cuenta los siguientes puntos:

  • Cuanto más esporádico sea el trabajo, más alto debe ser el pago. Si los trabajadores aplican este criterio, probablemente los empleadores tendrán que reajustar sus planes, teniendo en cuenta esta variable.
  • Establecer tarifas mínimas por labor. Cada uno debe calcular el mínimo de su trabajo por unidad de tiempo, teniendo en cuenta las circunstancias y los recursos que el trabajo requiere. La idea es no aceptar nada que esté por debajo de esa tarifa.
  • Autogestión. Quienes trabajan en esta modalidad deben planificar sus gastos incluyendo los rubros de seguridad social y un margen de ahorro para los “tiempos muertos”. En este modelo, administrar bien el dinero es una prioridad.

La consigna es ser flexibles y abiertos, pero también definir los límites. El tema de la economía de los pequeños encargos seguramente se va a mantener y a acrecentarse. En este sentido, cada uno debe analizarlo y definir la forma más saludable de adaptarse y sacar partido de esta dinámica del mercado.

Edith Sánchez


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